La casa en la que viví toda mi vida. Cap1
Nunca pintamos las rejas. En mi recuerdo, ni una sóla vez hubo un atisbo de tal actividad. A lo sumo agregarle un pedazo de alambrado para que no se escape el perro, unas ruedas para que sea más fácil de abrir... pero con el pasar de los años la pintura blanca que a duras penas resistía fue siendo cada vez menos, dejando paso al óxido del metal. - La casa de rejas blancas, casi llegando a la esquina - era la señal que dábamos cuando llegábamos en remis. - O, bueno, no tan blancas. Mi madre siempre hizo énfasis en que no importa tanto cómo se ven las cosas sino cómo funcionan, o si es que funcionan. Y la reja siempre funcionó. No hacía falta pintarla. Hoy las veo y me deprimen, me angustian. Me angustian de la forma en que a uno le angustia verse al espejo sin un corte de pelo fresco. Sigue siendo el mismo y se reconoce, se conoce y se acepta. Pero no está conforme y eso por debajo de la aceptación es una simple frustración. Mucho tiempo me sentí como un extranjero en mi prop...